martes, 30 de octubre de 2007

BOB (SARAH) Y YO

He tenido esto muy abandonado.. Pero voy a hacer proposito de enmienda y voy a actualizarlo semanalmente. Iba a prometerlo, pero no se falla a las promesas.. Esto es una de ellas, ahi va este ladrillo...


Debia ser en Zaragoza, como a primeros de los 80, si la memoria y los cálculos no me fallan, como marzo de 1981. En esos años se construyeron 4 colegios públicos juntos, iguales, con nombres de ilustres de la ciudad, solo diferenciados estéticamente por el color de sus vallas,. En estos colegios se acogió a toda la avalancha de niños causada por el babyboom de 1968-1972, y en su personal se mezclaba el profesorado residual del postfranquismo con la nueva generación de enseñantes formados en los primeros años de la incipiente democracia.
Volviendo a aquel marzo, todos los marzos eran esperados por el alumnado con ilusión, ya que en esa primaveral época del año hacia aparición la figura del profesor de practicas, jovencicos (¡a nosotros nos parecían muy mayores!) que debían hacer tres meses de practicas con fuego real antes de diplomarse.
El sistema educativo del momento, contemplaba la enseñanza de idiomas desde sexto hasta octavo curso, los tres últimos años de la EGB y, al menos en mi colegio, dividía a los alumnos en inglés y francés. Yo fui uno de los que le tocó ingles. Y en aquel marzo del 81 apareció nuestra profesora de practicas, la que iba a servir para que doña C. Se escaqueara de sus obligaciones mientras aquella caterva de enloquecidos niños no dejaba vivir a la nueva (y futura) maestra. Y hay que decir que no recuerdo su nombre, pero espero que me concedaís la licencia poética de llamarle Sarah.. (Isis hubiera sido demasiado…)
Sarah tenia el aspecto de la hippie de la época, (todos sabemos que gracias a Patxi a nuestro país todo llegó con mucho tiempo de retraso), vestida con faldas largas con motivos hindús, vaporosas blusas, pelo largo, lacio.. El mismo aspecto que tenían los que mi padre decía jipis y se reunían en el Zurracapote, la taberna-tienda de vinos de debajo de casa. Una taberna, por cierto, en la que la sinfonola atronaba al vecindario con “piece of my heart” de Janis Joplin o “Can the Can” de Suzie Quatro (esto bien poco jipi, por cierto..)
Que se me va el santo al cielo.. Sarah comenzó a darnos clases de ingles, boy girl, I am, you are, he/she/it is, nuestros primeros fundamentos de la lengua de Lennon y Shakespeare. Y un día repartió unos folios de multicopista con una canción en ingles y su traducción al lado, armada con el equipo audiovisual del colegio (un “fabuloso” tocadiscos de maleta Bettor-Dual) sacó un elepé (*) y empezamos a escuchar una voz nasal soltando una letanía de palabras incomprensibles (en aquellos tiempos y en ese barrio los niños no ibamos a a aprender ingles a los 9 años a Irlanda). No recuerdo las veces que la escuchamos, pero Sarah nos empezó a contar sobre cuantas montañas han de caer para que un hombre sea libre, de cuantas balas de cañón tiene que volar antes de ser prohibidas para siempre, de cuantos oídos tiene que tener el hombre para oir los gritos de la gente…
Uf, son conceptos demasiado profundos para un jovencito de once años no? Esto y un librito de bolsillo con 15 canciones de los Beatles tabuladas fueron mis primeros pasitos en el mundo del rock and roll. Y en esto, amiguitos, no hay vuelta atrás.
Con los años, fui haciéndome con casettes, luego vinilos, cedés, vuelta a los vinilos,los DVD’s (que grande eres, Scorsese) y ya Bob se convirtió en uno mas de casa.
Un gran y melómano amigo me dijo una vez que a Dylan se llega por las versiones que otros artistas hacen de sus canciones, pero yo tuve la enorme suerte de conocerle de primera mano. Precisamente, este melómano y yo nos hicimos amigos en un concierto de Dylan en Vitoria en el 93…
Desde entonces no he faltado a al menos, un concierto de cada visita a España del maestro. Siempre me pregunto cuando apagan las luces si Sarah habrá estado alguna vez en el mismo recinto que yo viendo a Bob. O alguno de mis compañeros/as de clase. Un posterior cambio de colegio y mas tarde de ciudad (**) me hizo perder el contacto con mis amiguicos de pequeño.
Si algún día Sarah lee esto, espero que se sienta satisfecha. Plantó, al menos, una semilla que germinó. Sus palabras han seguido flotando en el viento…

(*) Un elepé: Disco de 12 pulgadas.. Bien podría haber sido un single (disco de 7 pulgadas). Ya sabeis que los recuerdos de pequeño hacen que todo sea mas grande de su tamaño verdadero..
(**) Cambio de ciudad: entre el mínimo equipaje que llevé en mi cambio de ciudad venían conmigo mi Fender Stratocaster y el VHS de “The Last Waltz”; Una guitarra hermosa y una película hermosa, con un Dylan hermoso vestido de blanco, proclamando que quería ser liberado…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero qué bonita historia Jorgito, te estás volviendo un poeta.
Me gusta.

Anónimo dijo...

Jorge, a determinadas edades uno aprende cosas que se quedan grabadas para siempre, además los recuerdos son más románticos que lo que ocurrió. ¡qué bonito!.
Un riojano exiliado.

Anónimo dijo...

Ahora es usted el 'Maestro'


Un abrazo
El discípulo

octavio dijo...

Grande maesto
me gusta cómo escribes tío.
Si sigues actualizando te contaré cuándo conocí yo a Dylan. Generación perdia. Pero te adelanto que fue buscando cobijo en la tormenta.
gracias por volver, man
octavio